domingo, 6 de noviembre de 2016

.

Hace años, en cuarto de la ESO me mandaron redactar una historia ambientada en una de las grandes épocas de la literatura con características propias de dicha época. Yo hice mi historia en poco tiempo. Me basé en el romanticismo y lo exageré mucho, incluyendo cuervos, un bosque oscuro un personaje dramático y una muerte por amor. Cuando el profesor nos devolvió nuestros cuadernos en el mío dejó escrito: muy bien hecho, tienes un don y tienes que potenciarlo.

Tiempo después, comencé a escribir y lo primero que se me vino a la mente fue realizar un diccionario de sentimientos. Por aquel entonces yo había tenido problemas y el primer sentimiento que escribí fue odio. El segundo fue amor. Escondí aquella libreta entre mis cajones y mi hermano la encontró (igual que sucedía con las chucherías años atrás y otras cosas que preferiría no decir años después). Cuando lo leyó se rió muchísimo de mí. Decidí dejar de escribir por miedo a que los demás pudieran ver lo que sentía.

Hoy puedo decir que crecido mucho. He pasado más cosas de las que me gustaría, he amado, he sufrido, he escrito, he sentido y sobre todo he descubierto el teatro. Todas las piedras y las nubes de algodón me han hecho ser quien soy  ya no tengo miedo de expresar mis azules sentimientos. Ya no tengo miedo de la lluvia sin paraguas, de estar sola en la nieve. Me siento mujer y me siento libre, tengo derecho a mostrar mis textos, a mostrar mi cuerpo, a mostrar mis cicatrices y mis tripas           -aunque a nadie le gusten-.

No hay comentarios:

Publicar un comentario