Las cuatro de la tarde y desde mi cama oigo el sonido de una persiana. Es mi madre, que cansada ya del día, también intenta cerrar los ojos.
Una caja llena de cristales, purpurina y una nota: la culpa no es de los girasoles.
domingo, 31 de diciembre de 2017
sábado, 30 de diciembre de 2017
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Somos algo así como formas de resistencia que superan las condiciones externas, esporas. Probablemente es lo más raro que te hayan escrito nunca.
domingo, 17 de diciembre de 2017
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ni claveles rojos en mi pared,
solo una planta de violetas seca en mi ventana,
que no soy capaz de tirar.
sábado, 16 de diciembre de 2017
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Se supone que debería escribirte un poema de despedida o algo así,
pero no encuentro todas palabras necesarias,
la mayoría están desordenadas en tu cajita,
en nuestra cajita de momentos
o de recuerdos.
Al escribir la palabra recuerdos me viene a la mente
aquel día en el que dijiste
que no querías recordarme porque eso implicaría
no estar conmigo.
El caso,
la he abierto,
y he encontrado un par de preposiciones junto a una púa dedicada,
varios adjetivos entre las conchas de Galicia,
unos cuantos adverbios escritos en nuestros vales de besos
y dos pronombres pegados al disco de Xoel.
Detrás de los sustantivos una foto con una caja,
la caja de la caja,
la caja en la que me gustaría esconderme,
en esa caja estabas tú
pero ya no.
Recuérdame
viernes, 15 de diciembre de 2017
jueves, 7 de diciembre de 2017
miércoles, 6 de diciembre de 2017
sábado, 2 de diciembre de 2017
Agua y viento.
No me dio tiempo a regalarte nada, ni si quiera aquellas galletas de limón que encontré un mes después de dejarlo en un chino de mi barrio. Siempre estuvieron allí pero nunca pude verlas. Por eso, después de tanto y desde la distancia te escribo un texto que ya no nos duele.
Fuimos una tormenta pero hubo días bonitos, días de lluvia.
Aquel día yo llevaba un vestido granate y un abrigo con capucha,
tú llevabas tus converse (como siempre).
Tomamos batido y aunque no era el que me había pedido, me encantó.
Llovió,
llovió mucho,
y después de tocar todos los juguetes de aquella tienda,
Madrid nos miró pasear con auriculares,
Madrid nos miró cantar Sidonie por la calle.
Hubo días bonitos, sobre todo, días de viento.
Yo llevaba unas deportivas
y tú tus converse
Aquel día, todo era verde.
y aunque odio el verde, era más bonito que cualquier azul.
No recuerdo si era un parador, pero recuerdo unas vallas de madera.
Me acerque al acantilado y sentí,
sentí el viento como nunca antes lo había sentido
y no me importaba estar despeinada o ir en deportivas (que las odio).
Solo sé que me sentí libre,
y que aquel día, como el de la lluvia,
también tuvo banda sonora.