miércoles, 9 de noviembre de 2016

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El azul marino siempre  vuelve y cuando llega  me ahoga con una almohada en una taza de café sin azúcar. 
Intento cerrar mis ojos  muy fuerte,  como si fuera un sueño,  con la ilusión de todo pase  pero lo único que consigo es que  mis lágrimas exploten en  mil  pedazos  y salten por los aires sin paracaídas.
Yo me quedo aquí, llena de trozos de lágrimas de  café,  en una habitación azul marina. 

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