Me he sentado a escribirte como si te debiera algo,
como si por el simple hecho de ser mi casa y mi cobijo, te merecieras unos versos.
Cariño, tú no te mereces unos versos,
tu mereces lunas,
y por eso siempre te las enseño cuando están llenas.
Tú mereces soles, los que sin palabras hablan,
y por eso siempre que puedo te canto "La flaca".
Tú mereces todo lo que pueda darte,
y por eso estoy aquí sentada.