Hoy me he reconocido en ese señor.
Va caminado con la por los vagones de metro,
buscando una barandilla en la que apoyarse porque su cuerpo
ya no puede soportar su propio peso.
Es consciente de que otro golpe
le puede dejar en el suelo del andén.
Puedo reconocerme en sus ojos, llorosos,
cansados,
cansados de levantarse cada mañana,
agotados de mirar un mundo
que ya no parece ser el suyo.
En la mano una carpeta.
Probablemente llena de papeles,
quizás un informe médico
o quizás no.
Me recuerda a mí,
me recuerdo,
con todos aquellos papeles,
aquellos informes que no podían estar a ordenador.
Me reconozco,
me imagino caminando por los pasillos de aquel lugar de ventanas cerradas,
igual que ese hombre
pero sin barandillas.
Mi mirada estaba tan perdida,
que no recuerdo ver nada.
Sólo quiero levantarme
y decirle
que todo pasará,
que se abrirán las ventanas,
que en unos meses podrá quemar esos papeles.
Levanto la vista del móvil
y ya no está.