Y le dijeron: "para saber qué te dicen tus tripas por alguien tienes que saber qué sientes bajo la lluvia con esa persona, en el momento en el que las gotas caigan sobre vuestras cabezas, sabrás lo que te pasa".Entonces salió el sol y nunca pudo saberlo.
Una caja llena de cristales, purpurina y una nota: la culpa no es de los girasoles.
lunes, 30 de abril de 2018
domingo, 29 de abril de 2018
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Hay días en los que te echo de menos. Hoy echo es uno de ellos. Nadie me querrá así.
Nos recuerdo paseando por el rastro, bebiendo cerveza y sobre todo recuerdo el brillo de tus ojos cada vez que me mirabas y me decías lo preciosa que estaba. Nadie mira así, nadie me dice lo preciosa que estoy. Nadie me abraza hasta espachurrarme. Nadie me quiere así.
Te vas y a Madrid le faltará algo. A mí me faltarán tus mantas para esconderme cuando el mundo es duro, los phoskitos que me trajiste aquel día en el que convertirse las lágrimas en carcajadas. Me faltará tu cara de amor al rascar tu barba y el sonido de tu risa con tus propios chistes, incluso con los míos, que ambos sabemos que no tienen gracia. Nadie me quiere así.
No te has ido y ya faltas porque
nadie
me quiere
así.
sábado, 28 de abril de 2018
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"Las chicas revolucionarias andan sueltas, vuelan sin bragas y llevan en el bolso un libro de poemas". Diego Ojeda.
Mira, Diego, esto es lo que yo pienso:
En primer lugar, no me tienes que decir tú lo que es una chica revolucionaria. En segundo lugar, podemos volar como nos dé la gana o no volar, podemos llevar bragas, tanga, faja o calzoncillos, sorpresa también podemos tener pene.
Diego, podemos leer poesía y también podemos no leerla y podemos llevarla en el bolso, en la mano o en la mochila.
Yo las bragas las llevo puestas y el libro de poemas lo llevo en la mochila y no por eso soy menos revolucionaria. La revolución está en nosotras.
domingo, 22 de abril de 2018
jueves, 19 de abril de 2018
domingo, 15 de abril de 2018
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Lo que a veces parece fuerza solo es un muro, un muro de girasoles, pero un muro al fin y al cabo.
sábado, 14 de abril de 2018
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Me siento como una estación abandonada.
Una estación que estaba acostumbra a ser transitada por familias, parejas, colegas.
Una estación que vivía entre maletas, risas y bullicio.
Una estación que ahora sólo escucha el silencio del viento y que se corroe con cada gota que cae en sus vagones.
Solo eso, una estación vacía por la que a veces es bonito pasear, sobre todo si hay lluvia.