sábado, 13 de agosto de 2016

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Yo le pongo nombre,  se llama Laura porque ansiedad suena  peor.

Todo está bien y de repente pasa algo,  cualquier tontería y ese falso equilibrio desaparece al llegar Laura.  Puedes estar en cualquier lugar,  en un concierto o en tu propio cumpleaños. No entiende  de lugares ni de horarios. En realidad  no entiende de nada. 

Laura llega y pisotea toda la paz que pensabas que habías alcanzado  en un par de días como si fuera un vaso de plástico.  Llega sin disimulo,  descarada,  puta, sentándose en tu espalda,  poniéndote todo tu peso encima,  como una losa que se clava en tu columna vertebral y te  machaca,  haciéndote invisible a los ojos del mundo, haciéndote invisible a las personas que no conocen a Laura. 

Lo único que quiero  es que Laura me deje tranquila,  que me dé un descanso. Pero ella siempre vuelve,  vuelve para recordarte que hagas lo que hagas estará,  recordándote que se puede presentar en cualquier momento,  sin avisar,  sin traer bombones, igual que el viento.

Laura  no estés, 
Laura vete, 
Laura escápate de mi vida.

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