Te tumbas en la cama muerta, caes como un bloque de cemento al mar y desconoces el motivo ya que no has hecho nada en todo el día. Cierras los ojos y por un momento piensas que te puedes quedar dormida, que al fin vas a conseguirlo pero no es cierto, nunca lo es.
Te levantas, coges las pastillas del cajón como un autómata y miras tu mano pensando "¿hasta cuándo?, ¿volveré al bucle?". Por los pelos.
Tienes la esperanza de que un día de estos todo acabe, de que los días malos no sean una costumbre
y de que por fin tu cuerpo y tu cabeza se pongan de acuerdo. Supongo que lo único te queda es tomarte las pastillas una noche más y esperar a que el sueño llegue. Mientras tanto vive.
Vivo.
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