domingo, 31 de julio de 2016

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Fragmento de la obra de teatro que estoy escribiendo:

“No recuerdo cómo llegué aquí. Lo único que recuerdo es el alivio de poder sentir dolor, la primera vez en meses que era capaz de sentir algo. Un golpe: mi cabeza contra la cama y despertar aquí, en esta cama azul. Todo parecía tan oscuro, nada de túneles con luz, solo oscuridad. Es el peor sitio que mis versos podían imaginar ser escritos.

De repente abrí los ojos, abrí los ojos y pude ver una chica de piel blanca que me curaba las heridas, todas las heridas. En ese momento pude observar una especie de destello, un fuego fatuo. Era ella.

Ya sé cómo suena su risa, cómo se posicionan los músculos de la cara cuando se enfada pero hay cosas que solo me puedo imaginar. Puedo imaginar cómo baila en su cuarto. Imagino que le gusta el café frío con mucho azúcar, que va descalza por la moqueta  y sobre todo imagino que sus besos saben a nube, a nube y a café. Huele a ojos verdes y lo único que quiero es poder bailar desnudo con ella en un calendario que por primera vez no es oscuro”. 

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