Fragmento de la obra de teatro que estoy escribiendo:
“No recuerdo cómo llegué aquí. Lo único que recuerdo es el alivio de poder sentir dolor, la primera vez en meses que era capaz de sentir algo. Un golpe: mi cabeza contra la cama y despertar aquí, en esta cama azul. Todo parecía tan oscuro, nada de túneles con luz, solo oscuridad. Es el peor sitio que mis versos podían imaginar ser escritos.
De repente
abrí los ojos, abrí los ojos y pude ver una chica de piel blanca que me curaba
las heridas, todas las heridas. En ese momento pude observar una especie de
destello, un fuego fatuo. Era ella.
Ya sé cómo
suena su risa, cómo se posicionan los músculos de la cara cuando se enfada pero
hay cosas que solo me puedo imaginar. Puedo imaginar cómo baila en su cuarto.
Imagino que le gusta el café frío con mucho azúcar, que va descalza por la
moqueta y sobre todo imagino que sus
besos saben a nube, a nube y a café. Huele a ojos verdes y lo único que quiero
es poder bailar desnudo con ella en un calendario que por primera vez no es
oscuro”.
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