Nadie puede sacarme hoy de la cama,
no estás haciendo el desayuno
desnudo en la cocina
y no me has despertado
con ganas de más.
En la calle llueve
y tú y yo no nos estamos riendo
de la gente con paraguas.
Nadie puede obligarme a reír,
no estás queriéndome a cosquillas
ni revolucionando mi tacto con el tuyo.
En la calle llueve
y tú y yo ya no nos mojamos.
Ya no hay un tú y yo
porque ya te has ido,
como siempre,
sin paraguas.
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