viernes, 5 de diciembre de 2014

Inscripciones



Siempre quise coleccionar
inscripciones de árboles,
no hay nada más bonito
Son la prueba irrefutable
de que algún día hubo amor,
de que alguien se quiso allí.

Cuando ese señor de 35 años
con sus vida monótona y con sus hijos
ni siquiera recuerde
a aquella muchacha alegre de 15 de pelo revuelto,
pasará por su árbol
y su inscripción allí estará,
como aquella tarde de primavera de los 90
en la que hicieron el amor por primera vez.


Respirará hondo,
cerrará sus ojos
y volverá a aquel instante,
a su pelo revuelto,
a sus ojos verdes,
al tacto de su piel,
Volverá a ser joven,
al menos por un momento.

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