Intenté cambiar el rumbo
de todos mis caminos
pero tú siempre fuiste Roma
y todo llegaba a ti.
Las lágrimas
que caían por mis mejillas
llegaban a ti,
los besos que recorrían mi espalda
llegaban a ti.
Tú Roma
y yo sus ruinas,
llena de piedras.
Siempre me tropiezo
y nunca llego
a ti.
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