Nada,
vacío.
Ningún motivo para estar mal,
ningún motivo para este bien.
Comienzas a correr
y tropiezas con el peor obstáculo,
tú.
Los cordones se enganchan
en la alcantarilla de tus miedos.
Luchas contigo y sales perdiendo,
como siempre.
Una caja llena de cristales, purpurina y una nota: la culpa no es de los girasoles.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario