Cuando tú me hablas
no puedo evitar mirarte a la boca.
Me dan ganas de saltar a ella
como un loco que cree volar.
Saltar de labio a labio
sin paracaídas, sin nada,
desnuda,
como un loco que puede volar.
Una caja llena de cristales, purpurina y una nota: la culpa no es de los girasoles.
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