En realidad no pido tanto, solo un poeta.
Un poeta que me escriba versos en la espalda y que cuando se le acabe siga por la tripa,
al que le importen más las nubes de azúcar que el dinero y que sea capaz de recitar mis lunares al derecho y al revés.
Un poeta que sueñe más que hable y que bese más que pregunte,
que se emocione con la poesía y que nunca quiera comprar estrellas.
No pido tanto, solo un poeta.
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