"Qué envidia, a estas horas y en la cama". No.
Hay días en los que la cama no me deja salir de ella, me sujeta los tobillos con fuerza. Eso no significa que yo no me quiera levantar, lo intento. No puedo, no puedo.
El no puedo cae una y otra vez en mi cabeza como una gota de agua que me tortura. No puedo, no puedo.
Las sábanas grises me atrapan como si fueran un tornado del que no puedo salir. No puedo, no puedo.
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