La gente de las terrazas ya se mete a casa. Supongo que ya es la hora de dormir. No sé, hace tiempo que dejé de saberlo. Ya no sé cuál fue el último día que me fui a dormir a una hora normal. El insomnio se ha convertido en mi rutina y la terraza en el lugar en el que esconderme mientras se va, como quién se escondía del coco, como quién se esconde del miedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario