Mi memoria sensorial a veces me traslada a sensaciones concretas, a lugares o a días. Últimamente cuando no puedo dormir, me lleva a aquella sensación que sentí en el estómago en aquel bar de madera y vino en uno de esos últimos días de marzo en lo que uno no sabe muy bien lo que esperar del sol.
Recuerdo perfectamente la sensación de los rayos en la piel, el vino en la boca. Sobre todo recuerdo aquel abrazo, el principio de lo que no sabía que era el fin, pero no importaba, no importa. Aquel abrazo se grabó en mi tripa tanto que vuelvo a viajar a él al cerrar los ojos una y otra vez. Como ahora, como siempre.
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