jueves, 29 de noviembre de 2018

Luna Roja.

A veces no sé lo que siento hasta que lo dibujo o lo escribo. Aquí está el ejemplo.

Pensando hoy en mis dibujos me di cuenta de que en uno de ellos me tatué en la espalda una Luna roja. La Luna roja de aquella última noche en la que durmimos juntos. Me quedé esperando mucho tiempo a que la Luna volviera, pero al igual que tú, no volvió. No volviste a quejarte de lo pequeña que era mi cama o del calor que hacía en mi cuarto.

Desde aquella luna han llegado otras, pero nunca rojas. Aún así sé que no puedo seguir mirando una Luna que no quiere cambiar de color, que eres tú.

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