sábado, 14 de abril de 2018

.

Me siento como una estación abandonada.
Una estación que estaba acostumbra a ser transitada por familias, parejas, colegas.
Una estación que vivía entre maletas, risas y bullicio.
Una estación que ahora sólo escucha el silencio del viento y que se corroe con cada gota que cae en sus vagones.
Solo eso, una estación vacía por la que a veces es bonito pasear, sobre todo si hay lluvia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario