He salido corriendo, huyendo, como siempre y he llegado hasta este banco de piedra Blanca. Es febrero pero el sol pica y me gusta esa sensación. Detrás de mí una carretera y delante lo que parece un poco de campo en esta fea cuidad. Al fondo, ese puente tal alto que no sirve de nada.
Intento refugiarme en mi pequeño mundo y cierro los ojos para imaginar que todo es ese trozo de campo, un campo verde, a pesar de la falta de lluvia. Cierro los ojos pero el ruido de los coches me trasporta a la carretera.
Ahora mismo mi cabeza está en medio de una carretera llena de coches y yo no soy capaz de abrir los ojos. Solo sé que están pitando y que no son verdes ni tampoco llueve.
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