No sé si lo leerás, puede que no.
No me dio tiempo a regalarte nada, ni si quiera aquellas galletas de limón que encontré un mes después de dejarlo en un chino de mi barrio. Siempre estuvieron allí pero nunca pude verlas. Por eso, después de tanto y desde la distancia te escribo un texto que ya no nos duele.
Fuimos una tormenta pero hubo días bonitos, días de lluvia.
Aquel día yo llevaba un vestido granate y un abrigo con capucha,
tú llevabas tus converse (como siempre).
Tomamos batido y aunque no era el que me había pedido, me encantó.
Llovió,
llovió mucho,
y después de tocar todos los juguetes de aquella tienda,
Madrid nos miró pasear con auriculares,
Madrid nos miró cantar Sidonie por la calle.
Hubo días bonitos, sobre todo, días de viento.
Yo llevaba unas deportivas
y tú tus converse
Aquel día, todo era verde.
y aunque odio el verde, era más bonito que cualquier azul.
No recuerdo si era un parador, pero recuerdo unas vallas de madera.
Me acerque al acantilado y sentí,
sentí el viento como nunca antes lo había sentido
y no me importaba estar despeinada o ir en deportivas (que las odio).
Solo sé que me sentí libre,
y que aquel día, como el de la lluvia,
también tuvo banda sonora.
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