Entonces te desnudaste, dejaste que te leyera y ocurrió lo que tenía que pasar:
me enamoré de ti. Me enamoré de cada verso, de cada pensamiento, de cada letra,
a deshora, como siempre.
Tú, tan loco y sincero hablabas de volar, de estrellas y edificios.
Y yo aquí, tan cuerda, en el sofá, leyéndote con lágrimas en los ojos y con la sonrisa en la cara.
Me enamoré pero sé que te irás y yo me quedaré aquí, en el sofá
pensando en volar, en las estrellas, en los edificios y en ti,
tan loca y a deshora, como siempre.
Una caja llena de cristales, purpurina y una nota: la culpa no es de los girasoles.
domingo, 16 de febrero de 2014
A deshora.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario